Se recrudece la batalla del puerto de Sant Antoni

 


En su edición de hoy domingo 6 de febrero, el líder del grupo de presión "Salvem sa Badia" (de Sant Antoni), Pepín Valdés, hace unas declaraciones sorpresivas: "...en caso de que el puerto de Ibiza se bloqueara, cosa que no ha pasado nunca, el puerto de Sant Antoni dispondría de una línea de atraque de emergencia". Las manifestaciones de Valdés las recoge Diario de Ibiza, al que pertenece la fotografía que ilustra este post.

La afirmación de Valdés parte de un condicionante que se antoja absurdo: que el actual muelle comercial de Sant Antoni quede libre por si en puerto de Eivissa se bloquea. A Valdés, y al Club Nàutic de Sant Antoni (CNA), al que pertenece, se le acusa de querer reconvertir el muelle comercial en económicamente jugosos pantalanes.

Y en los últimos días la batalla del puerto de Sant Antoni tuvo otro espontáneo de lujo: el vicepresidente del Consell, Javier Torres, mostrándose a favor de la apertura al tráfico comercial del puerto de Sant Antoni. Que Torres pertenezca al destartalado partido Ciudadanos, a buen seguro, tiene algo que ver en las ansias desfrenadas de tener protagonismo, ni que sea en una batalla compleja.

En medios autodefinidos salitreros (SIC), a Salvem sa Badia se le ve poco impoluta: "...no és más que el “brazo armado” del CNSA que quiere quedarse a toda costa con el puerto comercial para convertirlo en más amarres. Primero presionan para que no haya tráfico comercial y una vez conseguido vendrán con la cantinela de que para estar inoperativo mejor si ponemos un par de pantalones. Al tiempo. De momento ya lo han conseguido con los fondeos. No puedes echar el ancla ni fondear sobre un muerto que eso contamina mucho, en cambio los que están en sus boyas son muy ecológicos. Se ve que si estás en boya el agua de la sentina está impoluta".

Después de que el pleno del Ayuntamiento de Sant Antoni se pronunciase contra el uso comercial del puerto, el Govern implementó como solución pretendidamente salomónica: tráfico comercial si, pero con esloras limitadas a 65 metros en un muelle en el que operaron en su momento ferrys procedentes de Denia, Palma y Barcelona.

La limitación de los 65 metros -cuya viabilidad rechazan las navieras- tiene una consecuencia que incomoda a todos: un puerto operativo con la mejor estación marítima de la isla (que tampoco cuesta tanto dado el lamentable estado de las instalaciones de Eivissa) reconvertido en "aparcamiento" de barcos; ahora mismo las dos 'joyas' que adquirió TRASMAPI en Alaska que, con su eslora, no pueden operar en Sant Antoni.

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