Formentera amenaza las cuentas de resultados de las navieras

Con el propósito confesado de no morir de éxito, Formentera se dispone a limitar el acceso de vehículos, personas y embarcaciones a la isla. Este es el propósito compartido, aunque con matices, de las fuerzas políticas de la isla expresado en su debate anual del estado de la isla.
Si de las palabras se pasa a los hechos, las actuales reducciones (que han supuesto un -12% de vehículos en temporada alta) puede quedar en mera anécdota. Ya hay quien habla de un -50% como objetivo.
Obviamente, la cuestión preocupa a las navieras, desde las que ya se lanzan mensajes de que no es tanto un problema de cantidad de vehículos sino del uso que se hace de ellos; sin duda un argumento para el debate.
Pero también existe un factor distorsionador notable en todo ello: la gran cantidad (nadie se atreve a dar cifras) de “residentes de conveniencia”; es decir, personas empadronadas en la isla que no residen de forma habitual en ella, lo que les deja -en principio- al margen de cualquier restricción.
Al menos hasta ahora, todos contentos con estos “residentes de conveniencia”: el Consell/Ayuntamiento porque con ello logra recursos adicionales. Las navieras encantadas con unos clientes que pagan una cantidad simbólica por sus pasajes porque el grueso va por cuenta del Estado. Y los “residentes de conveniencia” porque alcanzan unos derechos destinados a quienes están todo el año en la isla, para lo bueno y para lo malo.
Lo que sí parece, es que el actual modelo no da para más. El puerto de la Savina se ha convertido en uno de los puntos más contaminados del mediterráneo debido al continuo de operaciones barcos, algunos de los cuales obsoletos y por extensión muy contaminantes. Barcos que, a menudo, solapan las salidas con ocupaciones mínimas para que sus navieras no pierdan ‘slots’. En definitiva, el modelo está agotado y habrá que reinventarlo.

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